Viaje a Madrid. 2º AH y 2º BH

Por Antonio Fernández Jiménez (2º AH) y Jesús Caparrós (2º BH)

El sol relucía brillante y a su alrededor el cielo vestía de un puro color azulado. Aquí abajo, en la tierra, justamente en la parada de autobús del instituto, una gran masa de gente nos agrupábamos con maletas y demás chismes que nos acompañarían durante nuestro viaje a Madrid. El eufórico estado que nos rodeaba nos hizo a todos colocar nuestros bártulos rápidamente en el maletero y  subir agitados al autobús. Así que, una vez listos, Enrique León se dispuso a darnos la bienvenida cogiendo el micrófono del autobús, del que no se despegaba aun cuando algunos hacían amago de desesperación. Pero cabe destacar sus numerosas explicaciones geográficas mientras cruzábamos La Mancha. Además, Enrique nos aconsejó que pronunciáramos las eses y hablásemos bien, pues según el geógrafo, se notaba sobremanera que proveníamos de un pueblo donde hablar a la basto era lo común.

Antes de que nos diésemos cuenta comenzamos a ver los típicos edificios madrileños. Enseguida nos encontrábamos en la Casa de Campo donde en un lóbrego albergue nos alojamos. Justo después de la cena nos preparamos para visitar el centro de Madrid por la noche. Cogimos el metro y, con la mirada puesta en nuestros morrales y bolsos (merced a Javier y Enrique, que nos advirtieron de los frecuentes hurtos en el metro), llegamos a Puerta del Sol. Fue de una gran impresión, sobre todo para aquellos que nunca habían estado en Madrid, el momento en el que salimos hacia la calle contemplando esos inmensos rascacielos y ese ambiente de gran ciudad. Dirigiéndonos a la Puerta del Sol alguien gritó: ¡Allí, Santiago Segura! Enseguida todos corrimos a la puerta del cine Capitol, repleto de cámaras, focos, guardias de seguridad, policías y, sobre todo, curiosos que iban a husmear  al  igual  que  nosotros. Pero fue llegar y ni un famoso, así que continuamos nuestro camino hacia el kilómetro cero, donde nos hicimos las típicas fotografías con el pie sobre la placa. Seguimos el paseo por la urbe, visitando otros monumentos como la Catedral de la Almudena, la plaza Mayor, el Ayuntamiento y el Palacio Real. Una vez todo esto, la cama nos llamó para su uso.

Día 2, Jueves

Camino a Segovia, cruzamos el sistema central a través del puerto de Navacerrada, que presentaba un paisaje nevado que agradó nuestra vista. Hicimos una parada en el palacio Real  de la Granja de San Idelfonso, donde pudimos ver los espectaculares tapices y las grandiosas estancias en las que vivieron algunos reyes de España en las épocas de verano. El palacio, junto a su iglesia, estaba rodeado de majestuosas secuoyas, tan altas como lo era el famoso acueducto romano que vimos seguidamente. A pesar de la belleza de esta construcción milenaria, nuestros estómagos pasaban a ser el centro de atención. Así que nos dispusimos a devorar un sinfín de comida en el primer bufet libre que pillamos. Pero nada de cochinillo segoviano, ya que nuestro bolsillo no estaba a la altura. Tras el atracón, deambulamos por unas calles plagadas de iglesias románicas. Para los que estudiamos Historia del Arte fue de gran asombro y admiración el contemplar una catedral  gótica como la de Segovia, fuera del papel fotocopiado. Seguidamente nos dirigimos al Alcázar, a cuyo palacio no pudimos entrar por el tiempo limitado, pero si contemplamos un hermoso paisaje que se abría al horizonte. Justo entonces nos montamos en el autobús y marchamos de nuevo a la capital para cenar, arreglarnos y salir un rato por el barrio de Malasaña. Allí, María Isabel Guillén Espín decidió, a buen consejo de su profesor Enrique, hablar correctamente y para mostrar su desencanto por algo que le inquietaba expresó: ¡Qué vulgaridad!, y como ya saben, estas típicas expresiones calan dentro y se convierten en compaña durante el todo el viaje. Entre cervecerías  y  teterías la noche transcurrió fugaz y levemente embriagadora. Mientras bajábamos las escaleras hacia el metro, Maxi prefirió ir solo por las del centro y el resto nos pusimos a decir: ¡Maxibón, el polo del verano! Acogiendo el protagonismo, Maxi decidió acompañar el griterío con un bailoteo mientras bajaba las escaleras. La gente se quedaba mirando un tanto extraña y pensaría: de  pueblo  tendrían que ser… Llegamos al albergue sobre la una y poco, y sería cosa de las cinco de la mañana cuando la luz se apagó definitivamente en las habitaciones. Eso sí, al día siguiente había que estar en pie a las 8 de la mañana. Así que imagínense las caras de sueño…

DÍA 3, Viernes

Salimos hacia la capital manchega. En una de sus plazas nos encontrábamos todo el grupo cuando comenzó a llover, y mucha gente tuvo que comprarse un paraguas, no porque se le hubiese olvidado, sino porque, sin razón alguna, aquella mañana los paraguas parecían haberse puesto de acuerdo para romperse a la vez…Mientras nos dirigíamos a la catedral de Toledo, pudimos ver las famosas tiendas de armas. Maxi obtuvo la suya, pero, estando en crisis, el monedero flojea, y adquirió una espada de plástico con la que se paseó por Toledo al estilo de un caballero medieval. Continuando la visita, tocaba ver la famosa obra de El Greco, “Entierro del Conde Orgaz”. La típica cagada en estas situaciones era usar el flash de la cámara. Pues bien, David Moreno se atrevió y era de esperar el chillido del guardia: ¡No flash! Pero, pese a la autoridad que mostraba el temido guardia, Juan Miguel y Guillermo fueron más audaces y consiguieron sacar algunas fotos de la obra de arte sin que el señor les dijera nada. Todo un desafío. Concluyendo la visita matutina con la Sinagoga del Tránsito,  nos dispusimos a comer. La Catedral de Toledo nos ocupó gran parte de la visita de la tarde. La verdad, era una iglesia artísticamente asombrosa tanto por fuera como por dentro, al igual que lo era el Monasterio de S. Juan de los Reyes. Cogimos el autobús para ir de nuevo al albergue, arreglarnos y cenar por ahí. Unos lo hicieron en un Iitaliano; otros en un Mexicano; otros en un Argentino, donde Lope tuvo la oportunidad de establecer una relación con un grupillo de alemanes, y, aunque no supiera alemán, sabía defenderse con el inglés: “Very, very beautiful”, solía decirles…  Uno de los alemanes intentó hacer sus pinitos con el español, pero el resultado de mezclar español con alemán, quedó un tanto agresivo: “¡Me gujjjjsta!”, decía uno de ellos. Unos cuantos cócteles y para el albergue. Aprovechando que se había instalado también allí un grupo de suizos y suizas, la fiebre romántica impulsó a José Juan, David Moreno, Maxi, Juan Miguel y Piñero a husmear por las habitaciones de nuestros vecinos. Ya casi conquistado un grupo de chicas, el profesor de éstas salió diciendo en un tono abrupto: ¿Qué está pasando aquí? Los bulleros no hicieron otra cosa mejor que adentrarse apresurados en la habitación de las extranjeras, en concreto se escondieron en los aseos, donde, en un descuido, pulsaron el botón de las duchas y frustraron, calados hasta los huesos, el cortejo nocturno. El resultado fue un grupo de idiotas mojados, atemorizados y sin rosca que llevarse a la boca. Lo único que recibieron de ellas fue un empujón y unos cuantos: ¡Gilipollas! Aquella noche aprendieron que «una película cómica se ve muy graciosa desde fuera, pero por dentro todo es muy distinto», como comentaba Piñero antes de irse a la cama.

DÍA 4, Sábado

«Si no dormís el viaje podrá con vosotros», nos advertían Enrique y Javier los primeros días, pero, confiados en nuestra fortaleza juvenil, casi no dormíamos.  Sin embargo, el sábado por la mañana fuimos al Museo del Prado y, aunque es un museo increíblemente repleto de magníficas obras de arte, estábamos literalmente cayéndonos por los suelos. Pudimos ver algunas cuadros famosos como el “Jardín de las delicias” y “El carro de heno”, de El Bosco; las famosísimas Meninas” de Velázquez, y un sinfín de obras más a las que Lope acompañaría con su típico: Precioso. Sobre las doce del mediodía, tuvimos libertad para hacer lo que nos placiera. Algunos decidimos ir al Café Gijón, donde era de esperar el sablazo. Otro grupo aprovechó para ir de compras por la gran ciudad. Por la tarde algunos fuimos al parque del Retiro,  ya que un amplio parque frondoso era justo lo que necesitábamos. También decidimos montar en barca y dar un pequeño paseo por el estanque. José Juan, Lope y Antonio tuvieron algunos impedimentos, tardando veinte minutos para salir del mini-puerto, debido a su torpeza. Lope se dedicaba a tratar con las señoritas con un saludo peculiar: “Buenas tardes, somos de Caravaca de la Cruz”. Fueron varias las barcas bulleras que, por la fuerza del viento, colocáronse bajo unas fuentes, garantizando unos cuerpos refrescados. Palancares, Tete y Fidel pudieron vivir esa experiencia al igual que María Rosario y Eva. Otra grupo también aprovechó la tarde disfrutando de un musical en el teatro la latina y otros visitando el Estadio Bernabéu. Aquella noche Lope, Piñero, José Juan y Juanmi tuvieron la oportunidad de echarse una foto con Leonardo Dantés, quien les bailó “miembro viril”. Otros decidimos ir aquella noche por Chueca y contemplar otro tipo de ambiente viril. A otros el cuerpo les pedía marcha y se fueron a una gran discoteca, mientras que otros, en un plan más relax, decidieron tomarse unas cervezas negras en una taberna irlandesa. Otros pisaron el barrio de Huertas para fumar cachimba e ir de cócteles por ahí. Sobre las seis de la mañana llegó el último grupo al albergue. Imagínense nuestras caras de seres desorientados al día siguiente.

DÍA 5, Domingo

Llegó el momento de ir despidiéndose del albergue y de Madrid. Así que colocamos las maletas en el bus e hicimos la última visita panorámica de la capital, parando para ver el último museo de nuestro itinerario. La visita fue rápida, contemplamos el “Guernica”, de Picasso, y alguna obra contemporánea más. Una vez esto, nos dirigimos a la Estación de Atocha para hacer el último descanso. Ahora sí, ya tocó montarse en el autobús de vuelta a casa, pero no sin antes hacer una paradita en La Roda y comprar los Miguelitos. Mientras el autobús nos llevaba a Bullas, desapareció por completo el alboroto y eufórico estado que nos acompañaba en nuestro viaje de ida. Ahora reinaba la quietud, y el sueño se hacía con  nosotros. En un plis plas estábamos en Bullas y, como si nada hubiese ocurrido, como si todo hubiera sido un sueño, comenzó la monotonía de la vida y estos cinco días que asemejáronse  a un paraíso, que volaron raudos como el viento, quedaron como un bello recuerdo en nuestras vidas.

Anuncios
Etiquetas:

One Trackback to “Viaje a Madrid. 2º AH y 2º BH”

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: