Il viaggio

Por Alfonso Serrano Espín. 4º A

Tras meses de espera y con muchas ganas de divertirnos, el día esperado comenzó, y nosotros, también, cada uno a su manera: durmiendo, poniéndonos guapos/as, entrando a clase, etc. Pero, pasado el mediodía, todos los caminos se unieron en el apeadero de Bullas, donde el viaje de estudios Italia-Tarragona dio su pistoletazo de salida. Las lágrimas de las personas queridas ensombrecieron la salida, pero al poco tiempo, y como era de esperar, solo pensábamos en Italia. Ya en carretera recibimos un invitado inesperado, el novio de Carmen, Antonio, con el que acabaríamos divirtiéndonos bastante.

El primer día tan solo fue de viaje y al final de este se notaba la desesperación y el cansancio en las caras de todos nosotros,  ya que fueron alrededor de 2 horas y media de avión y en torno a seis o siete horas de autobús para realizar el trayecto Pisa-Roma (gracias a los sucesivos cambios de conductor). Por fin a las cuatro de la mañana llegamos al hotel, que recibimos con los brazos abiertos.

Ya el primer día en Roma descubrimos a un gran personaje, el conductor que nos acompañaría durante todo el viaje y con el que pasamos un poco de miedo, ya que conducía el autobús con gran maestría y soltura pero sobre todo lo hacía a una velocidad pasmosa. Durante aquel interminable día visitamos muchos de los iconos de Roma: Coliseo, Fontana di Trevi, Foro, los Museos del Vaticano pero no pudimos entrar a la basílica de San Pedro debido a la larga cola que había. A la hora de la cena nos encontramos con que Don Pedro, su hija Ana, Carmen, Antonio y algunos alumnos se perdieron en la inmensidad de la capital Italiana.

A la mañana siguiente, tras una noche alocada pero en la que muchos pasaron horas en el pasillo arrestados gracias a la rapidez de Don Pedro, pasamos nuestro último día en Roma. Primero todos juntos visitamos las catacumbas y la iglesia de San Pablo. Más tarde nos separamos, unos visitaron otra vez el Vaticano y otros el castillo de San Angelo, y por último caímos asombrados ante el Panteón de Agripa, la plaza Navona, la plaza de las flores y la plaza del capitolio, diseñada por Miguel Ángel.

Los siguientes dos días los pasamos en Florencia y en Pisa donde disfrutamos de tiempo libre, pero después volvimos a la rutina y visitamos diversos monumentos (En Florencia: Catedral de Florencia, Plaza de la Señoría, el Baptisterio, Mirador de Miguel Ángel, Palacio de los Medici, Puente del Oro, Museo Uffizi, Real Academia donde se encuentra el famoso David de Miguel Ángel; y en Pisa: Torre de Pisa y la Catedral de Pisa con su Baptisterio). Durante la última noche de Florencia tuvimos contacto con otros institutos, contactos que no fueron demasiado agradables para muchos.

Tras atravesar los Apeninos llegamos a Venecia, la ciudad del Amor. Como era de esperar nuestros queridos profesores nos dejaron visitar los diferentes lugares de interés por nuestra cuenta. Algunos siguiendo las recomendaciones que días antes nos había dado Enrique León subieron al Campanile y disfrutaron de las maravillosas vistas de Venecia. Por último, todos juntos, cómo no, dimos un paseo en góndola.

Nuestra estancia en Italia había llegado a su fin, así que nos dispusimos a regresar a nuestra querida España, donde nos esperarían otras muchas horas de autobús hasta llegar a Tarragona. Allí por fin pudimos degustar un buen buffet libre.

El siguiente día fue posiblemente el más divertido de todos los que pudimos vivir en el viaje, ya que fuimos a Port Aventura donde todos gozamos de las atracciones, no sin antes esperar su debido tiempo en la cola.

Sobre las seis de la tarde marchamos hacia Bullas, pero previamente nos dedicamos a hacer las famosas compras. El viaje a Bullas se hizo más corto de lo esperado gracias a la intervención de Antonio y de Antonio Pérez (alumno). Resulta que se tuvieron que disfrazar de mujeres por haber perdido en un juego que nos persiguió durante todo el viaje, el cual consistía en no se podía responder sí a nada.

Ya en el instituto, nos reunimos con los seres queridos. En ese momento fuimos conscientes de los muchos buenos momentos que habíamos pasado, momentos que siempre se quedarán en Italia.

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