Entrevista a Antonio García-Trevijano

Por Francisco Fernández Fernández (1º AC) y Juan Francisco Moya Fernández (1º AC)

 Apoyado en su bastón, entra en nuestro querido instituto un pedazo de historia de este país, un viejo pero vivaz defensor de la libertad, de los derechos y de la política. Se trata de Antonio García-Trevijano. Para los que no asististeis a la conferencia que nos obsequió con su presencia y talante el pasado 23 de marzo, os diré que fue una de las personalidades políticas más importantes de este país durante la Transición. Después de saludar a estos dos humildes entrevistadores, se sienta en la silla donde le aguardan nuestras preguntas.  Republicano convencido, como bien sabréis, nos da sus impresiones sobre la monarquía que representa nuestro país. Pero, para hablarnos sobre ello, primero nos da a conocer los sentimientos que le provocó ver a Don Juan de Borbón, padre del actual rey, abdicar en favor de su hijo Juan Carlos. Pena y piedad, nos dice. Pena y piedad porque significaba su total rendición y abandono de lo que el monarca era. En palabras de Don Antonio: “significó su muerte moral”.

Esta monarquía, según el señor García-Trevijano, es una monarquía de Franco. Para explicar esto, realiza una didáctica aclaración acerca de la diferencia entre esta clase de Estado que tenemos y las monarquías clásicas. En estas últimas el poder pasa de padres a hijos, mientras que en España el poder le fue cedido al actual rey por el dictador. Don Antonio nos cuenta que esto nunca se les preguntó a los españoles -si aceptaban o no esta monarquía-, por lo cual es una monarquía de Franco. Una monarquía ratificada, que no elegida, por nosotros.

Tan enfrascados nos encontramos en la conversación, amplia e interesante, que tardamos aún en entrar en el asunto de lo que acontece en España: a) los ciudadanos sólo contribuimos a la elección del gobierno con votos; b) no hay separación de poderes. Es decir, se vuelve a repetir el lema más significativo del despotismo ilustrado: todo para el pueblo, pero sin el pueblo. Pero, rápidamente, Don Antonio nos lo desmiente; él no cree que en España sea todo para el pueblo; más bien, nos dice, es todo para la clase política y su aliados, pero sin el pueblo. En esta divagación sobre el despotismo ilustrado y el régimen político español, a Don Antonio se le escapa una leve sonrisa a la que acompaña con un: «ojalá hubiera por lo menos algo parecido a ese despotismo». Mas él opina que el pueblo español no tiene, ni podrá tener jamás, el más mínimo poder en este régimen.

Con los profesores a nuestro alrededor escuchando lo que preguntamos mi compañero y yo, y sobre todo con las respuestas que da nuestro entrevistado a las cuestiones, nos sentimos periodistas. E incluso, por un momento, nos incomodamos cuando nos damos cuenta de que estamos siendo grabados (parte de la culpa la tiene, por supuesto, mi profesor de Imagen y Comunicación,  que  no  para  de rondarnos con su cámara). Aun así, creemos estar en un programa entrevistando a Don Antonio y que, en plena era de la comunicación de masas, nos observa todo el mundo con detenimiento. Esto hace que surja un tema interesante para nuestra entrevista. Cómo es posible, preguntamos entonces, que a pesar de las grandes mentiras que surgen en la política (un flagrante ejemplo de ello podría ser la elección de diputados por medio de listas, a partir de votaciones a unos partidos estatales), ningún medio de comunicación nunca lo haya denunciado abiertamente. ¿Por qué no se descubren en los medios las grandes mentiras de la política? Don Antonio nos lo confirma: «eso es un secreto a voces». Nos dice que se vota pero no se elige, pues quien después de las votaciones sale es alguien que ha designado el jefe de partido y que luego ratifican los votantes. En verdad, da igual que se vote a uno u otro.

Sin embargo seguimos preguntándonos por qué, cómo es esto posible, cómo es posible que esta mentira la digan todos los profesores, la digan todas las universidades, la diga toda la prensa, la diga todo el mundo. Don Antonio nos dice que es muy fácil, que la esencia de la política es engañar, que, si no estuvieran todos implicados, se desmoronaría todo el chiringuito cual castillo de naipes movido por la fuerza del viento. Todo esto, retenido en nuestra cabeza, hace que pensemos que no sería tan descabellada la tesis que planteó George Orwell en su novela 1984. El pueblo es un subproducto de las mentiras de los gobiernos, todos las sabemos pero ninguno las denunciamos. No obstante, Don Antonio nos dice que ninguno de ellos (y se refiere a los políticos) le dura a él ni medio minuto en una batalla dialéctica. Y supone que nadie se atreve porque todos mienten, «y al que miente le aprietas un poco las tuercas y lo tienes en tu terreno». «Los intereses (poder y dinero) son más fuertes que la pasión y el amor a la libertad», así resume en esencia la tibieza de los medios de comunicación ante canalladas de este tipo.

Don Antonio se considera un gran amante de la libertad desde bien pequeño. Él siempre ha sentido la pasión de la libertad en su espíritu, como cualquier otro puede sentir la pasión de amor. Aunque, nos confiesa (y aquí hay que interpretar libertad y felicidad como algo ambiguo), que él no es feliz; y por qué no es feliz, pues porque    nosotros no somos libres. Y aquí esta, según él, el quid de la cuestión. Solo podemos llegar a aspirar a la libertad si la entendemos como libertad colectiva, es decir, únicamente podremos ser libres en la medida en que los demás lo sean. Para esto nos ilumina con un ejemplo: Robinson Crusoe no era libre porque al principio no tenía relación alguna con otro ser humano, y, cuando la tuvo, siguió sin ser libre porque estaba fundada en la esclavitud de Viernes.

El comienzo de la conferencia nos obliga a resumir mucho más de lo previsto la entrevista. Nos habría gustado estar toda la tarde con él. Pero no puede extenderse más en su teoría, ni nosotros tampoco (no por falta de tiempo en esta ocasión, sino por falta de espacio). Así que, si estáis interesados, os remitimos a su último libro, Teoría pura de la República.

Pero antes de concluir, mientras nuestros compañeros ya han empezado a entrar en el salón de actos, Don Antonio, nos regala unos preciosos consejos a las nuevas generaciones:

«Sed sinceros con vosotros mismos, no tengáis miedo a sentir, pensar y decir la verdad.  No imitéis a vuestros mayores, que fueron generaciones lastradas, frustradas por el miedo. Y es que no hay motivo para el miedo; el miedo está en vuestra imaginación, no en la realidad. Venced el miedo y entregaos con pasión a la libertad y al amor, que es lo vuestro.»

Dicho esto, nos vamos con la sensación de saber más y, sobre todo, del trabajo bien hecho. Y es que, como diría el protagonista de una mítica serie de televisión: “Me encanta cuando los planes salen bien”.

(Imágenes de Isidoro Martínez Sánchez)

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